Cuestión de principios
No me digas lo que estoy haciendo, no quiero saberlo, no me llames lector, escritor, substackero, no me llames columnistas, filósofo, mucho menos periodista, no me juzgues humano, pero tampoco lo contrario, solo recuerda que el mundo es tu representación, tuya y de nadie más, olvídate de la voluntad, del deseo constante, de la necesidad, del sufrimiento, eso viene antes o después, en simultáneo quizá, el mundo es tu representación, yo soy tu representación, todas esas etiquetas son tu representación, no me digas lo que estoy haciendo, no me encierres, deja que sea yo mismo mi condena, ya tengo suficiente con leer cada mañana en una de las paredes de mi refrigeradora THIS IS A MIRROR, YOU’RE A WRITTEN SENTENCE, somos oraciones, recuerda que para Gottlob Frege no es la palabra, sino la frase, el enunciado, der Satz, la unidad de sentido, porque una sola palabra no expresa ningún pensamiento, recuerda que en principio fue el λóγος, la palabra, la razón, el discurso, y si en principio fue la palabra (no meditada o razonada), entonces tiene sentido el sinsentido, si en principio fue el discurso, desde entonces hubo sentido y hacia él nos dirigimos, el lenguaje nos acerca al principio del que constantemente nos alejamos, antes del principio, nada, después, palabra, Guillermo de Aquitania hizo un vers de dreit nien y Luis Alberto de Cuenca hizo un poema de la pura nada, un verso puede ser una oración cualquiera hasta que se encuentra en el poema, que ilumina con sentido cada una de las líneas, cada una de las palabras, el poema es el mundo del autor como voluntad y representación que llega a nosotros como la representación de una representación, por eso no me digas lo que estoy haciendo, yo tampoco quiero saberlo, no quiero sentir vergüenza antes de tiempo, no me quiero sentir limitado por tu opinión, quiero descubrir la obra (¡el mundo!) junto a ti, quiero leer y sorprenderme, avergonzarme y darme cuenta, con renovada consciencia, que de lo que no se puede hablar es mejor callar, darme cuenta de que no se puede crear de la pura nada, hace no mucho tiempo vivió en Praga un rabino que buscaba la clave de la vida en la alquimia y dedicó años a estudiar la Torá y el Talmud, a buscar en el Génesis y en los Salmos alguna guía del secreto de la creación, y encontró que Dios amasó con barro un gólem y le insufló vida a aquel embrión informe, el rabino sabía que en principio fue el λóγος y que Dios, además de ser El Que Es, es Uno y Bueno, es Bello, es Vida y Verdad, el rabino sabía también que Dios creó el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos, y que si el hombre es imagen y semejanza suya también habría de tener potencia creadora, podía guardar en sí el secreto de la vida y darla a criaturas a imagen y semejanza suya, así como Dios elevó el barro, el hombre habría de elevar sus bajezas, el rabino hizo con sus heces la forma de un hombre e inscribió en su pecho el nombre de su Creador para darle vida a su criatura1, y para desactivarlo borró con su pulgar la primera letra y la muerte abrazó su ser, así creó el rabino a partir de su pura nada, él el alfarero y el nombre de Dios, la vida, nadie le dijo lo que estaba haciendo, nadie le advirtió de sus infinitas posibilidades, mejor así, el rabino era consciente de que todo estaba escrito ya y era cuestión de descifrarlo, después de todo, no somos más que oraciones escritas, THIS IS A MIRROR, YOU’RE A WRITTEN SENTENCE, somos la representación de un ser más allá del tiempo y, por lo tanto, esclavos de un libro escrito más allá de nuestro entendimiento, en principio era el λóγος, el discurso (completo): todo ha sido dicho solo que aún no me he enterado, no sé tú, pero a mí no me digas lo que estoy haciendo, no quiero saberlo, quiero olvidar otro ratito mi condición.
Emet (אמת) es la palabra hebrea que designa «Verdad». Se escribe con las letras Tav, Mem y Álef, de izquierda a derecha. Cuando se quita la primera letra, el Álef, Met (מת) pasa a significar «Muerto». La vida contiene irremediablemente su término. La tragedia de la palabra está en perder su principio vivificador. En la mística judía, el Álef simboliza al aire, es una letra que no tiene sonido consonántico propio. ¿Qué es el silencio sino la pronunciación casi imperceptible del álef divino a través de nosotros? Al ser incapaces de expresarnos en el silencio de Dios, nos acogemos al ruido. Según los Proverbios, «el que mucho habla, mucho yerra». La tragedia del hombre está en no dominar el silencio, porque en principio todo lo era. En él está contenido nuestro sino.


Yo te digo lo que yo quiera