Responso al vacío
No puede estar conmigo, está trabajando, me sirve un cañón para pasar el rato, me deja solo en la barra, solo con pan y cerveza, el celular y el DNI en un bolsillo, una pluma en el otro, saco una servilleta y me limpio, saco otra y escribo, primero mi nombre, el papel se rompe, lo vuelvo a intentar, dejo que la punta repose sobre un poro, la tinta se expande, la hoja se desangra, lo vuelvo a intentar, esta vez ágil y delicado, la letra me sale larga e inclinada, irregular, no me quejo, otra vez, otra servilleta, esta vez mejor, sigo, una palabra tras otra, línea tras línea, siguiente servilleta, dos y media, luego el vacío, sé fiel a la historia, me susurra Nicanor, luego sigue atendiendo a los demás, por qué coño me cita a Dinesen, da vueltas con vasos, copas y platos, si me dieran a elegir, yo elegiría… ahora Juan Gelmán y otra caña, cortesía de la casa, anoto en la servilleta Pamplona, mayo de 2026, Intervención en la Sorbona, no me hablaron de Brodsky hasta que ya era demasiado tarde, las arenas movedizas me tenían preso de un plan de estudios que era leer, leer y leer antes de vomitarlo todo en un examen, luego olvidar, tirar después de usar, después de cinco años me suenan algunas palabras, esencia y existencia, sustancia y accidentes, una copa se desarma en pequeños trozos disímiles, en un rompecabezas oscuro, cierro los ojos y escucho a los perros románticos mientras veo destellos azules en el negro de mis párpados, ellos dicen no pasa nada, majo, si tienes sueño, lo demás no importa, el jefe se caga en todo mientras saca cuentas, el vaso roto sigue siendo vaso, pero sus cálculos trascienden toda metafísica, dos hojas y media y alguna palabra suelta más, empiezo a dibujar un círculo, líneas rectas y curvas, pienso Sión, pienso en los mexicanos de Bolaño, dibujo peces como Zurita y un ave como Eielson, pienso que los conocí tarde a todos, si hubiese conocido antes a Brodsky la filosofía la hubiese dejado hasta los cincuenta, quizá más, daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro, ayer José Manuel nos leyó a Parra, un poema, o antipoema, una disertación sobre los vicios modernos, uno de ellos es no saber cuándo cerrar los ojos, es dejar que el algoritmo decida por nosotros, es pensar un reel, dos reels más, es despertar con la pantalla encendida, atrapada en su eterno retorno, otro de los vicios modernos, pienso, es tratar al resto mejor que a uno y odiarse menos que a los demás, Nicanor limpia el microondas y sé que no lo ha hecho en casa en todo el año, pienso Nicanor, Nicanor, ¿qué entiendes cuando lees a Brodsky?, Nicanor no estudia Filosofía, punto a favor, pero no sabe hacer café, punto en contra, Nicanor, Nicanor, ¿qué significan las palabras?, anoto ausencia, la escribo, la repito, la remedo, ninguna es igual, ausencia, ausencia, ausencia, ninguna es ausencia, si digo pan, ¿comeré?, agua, ¿beberé?, Nicanor, Nicanor, que las palabras se ahoguen en la tinta, que el lenguaje se pierda en la ilusión, recojo los papeles, tiro los simulacros y pego el resto con saliva, treinta centímetros de poemas, los enrollo, los meto en el bolsillo monedero, la pluma en el bolsillo izquierdo. Afuera ladran los perros y Brodsky está agachado, contemplando un río de orín. Me confiesa que le recuerda a Venecia. Yo le digo que me gustaría no haberle conocido nunca. Saco unas servilletas del pantalón y me limpio la boca. Él hace lo mismo con un pañuelo. Pienso… mejor dejo de pensar. Si digo pienso, ¿pensaré?


Todos sabemos quién es Nicanor